viernes, 1 de mayo de 2015

Es tiempo de hacer esfuerzos por unir a los susceptibles de ser unido


ODC
Hoy el movimiento comunista y obrero se encuentran en momentos muy difíciles y complicados. La debilidad y la dispersión son el triste presente en momentos de gran brutalidad imperialista, de barbarie capitalista y de ofensiva general de la contrarrevolución.

Estamos en un momento histórico en el que mientras el capitalismo e imperialismo se tornan cada vez más agresivos, existe una crisis profunda en el seno del movimiento obrero y comunista internacional. Acumulamos derrota tras derrota en medio de una gran debilidad y dispersión.

Este 1 de Mayo desde ODC expresamos, al igual que los camaradas de HERRI GORRI, que es tiempo de apostar, cada día con más fuerza, por la convergencia y reconstrucción del movimiento comunista internacional.

Para los comunistas y marxistas-leninistas es tiempo de intentar unir a los susceptibles de ser unidos, de poner los intereses del proletariado y de los oprimidos en primer lugar por encima de siglas y protagonismos. La situación presente lo demanda.

Hay que hacer esfuerzos por buscar la unidad en torno a los principios comunistas, al análisis concreto de la situación concreta actual, en torno a una clara línea de demarcación frente al revisionismo, oportunismo y reformismo, y en torno a un programa y una línea de acción revolucionaria.

En el plano teórico es imperiosa la necesidad de un análisis concreto de la situación mundial actual y la lucha de clases internacional. Es imperiosa la necesidad de una actualización del marxismo-leninismo a las circunstancias concretas actuales para poder volver a conectar con el proletariado y las masas pobres y oprimidas, y relanzar de nuevo la lucha revolucionaria por transformar el mundo y esto solo puede venir de la praxis, de la unidad de la teoría y la practica transformadora.


Seguir como hasta ahora, divididos en infinidad de pequeños núcleos y totalmente desconectados del proletariado y de las masas, es encaminar al movimiento comunista y a los anhelos de transformación revolucionaria de la sociedad al precipicio.

jueves, 16 de abril de 2015

[VIDEO] Los derechos de los trabajadores: ¿un tema para arqueólogos?




Por: Eduardo Galeano

No se asusten, empezaré diciendo “seré breve”, pero esta vez es verdad. Y es verdad porque yo estoy empeñado en una inútil campaña contra la “inflación palabraria” en América Latina, que yo creo que es más jodida, más peligrosa que la inflación monetaria, pero se cultiva con más frecuencia. Y porque además lo que voy a hacer es leer para ustedes un mosaico de textos breves previamente publicados en revistas, periódicos, libros. Pero no reunidos como ahora en una sola ocasión, reunidos en torno a una pregunta que me ocupa y me preocupa como –estoy seguro– a todos ustedes, que es la pregunta siguiente: ¿los derechos de los trabajadores son ahora un tema para arqueólogos? ¿Sólo para arqueó- logos? ¿Una memoria perdida de tiempos idos? Este en un mosaico armado con textos diversos que se refieren todos –sin querer queriendo, yendo y viniendo entre el pasado y el presente– a esta pregunta más que nunca actualizada: ¿“Los derechos de los trabajadores” es un tema para arqueólogos? Más que nunca actualizada en estos tiempos de crisis, en los que más que nunca los derechos están siendo despedazados por el huracán feroz que se lleva todo por delante, que castiga el trabajo y en cambio recompensa la especulación, y está arrojando al tacho de la basura más de dos siglos de conquistas obreras.

La tarántula universal

Ocurrió en Chicago en 1886. El 1º de mayo, cuando la huelga obrera paralizó Chicago y otras ciudades, el diario Philadelphia Tribune diagnosticó: “El elemento laboral ha sido picado por una especie de tarántula universal y se ha vuelto loco de remate”. Locos de remate estaban los obreros que luchaban por la jornada de trabajo de ocho horas y por el derecho a la organización sindical. Al año siguiente, cuatro dirigentes obreros, acusados de asesinato, fueron sentenciados sin pruebas en un juicio mamarracho. Se llamaban George Engel, Adolph Fischer, Albert Parsons y Auguste Spies; marcharon a la horca mientras el quinto condenado (Louis Lingg) se había volado la cabeza en su celda. Cada 1º de mayo el mundo entero los recuerda.

Dicho sea de paso, les cuento que estuve en Chicago hace unos siete u ocho años, y les pedí a mis amigos que me llevaran al lugar donde todo esto había ocurrido, y no lo conocían. Entonces me di cuenta de que en realidad esto, esta ceremonia universal – la única fiesta de veras universal que existe –, en Estados Unidos no se celebraba; o sea, era en ese momento el único país del mundo donde el 1 de mayo no era el Día de los Trabajadores. En estos últimos tiempos eso ha cambiado, recibí hace poco una carta muy jubilosa de estos mismos amigos contándome que ahora había en ese lugar un monolito que recordaba a estos héroes del sindicalismo, que las cosas habían cambiado y que se había hecho una manifestación de cerca de un millón de personas en su memoria por primera vez en la historia. Y la carta terminaba diciendo: “Ellos te saludan”. Cada 1º de mayo el mundo recuerda a esos mártires, y con el paso del tiempo las convenciones internacionales, las constituciones y las leyes les han dado la razón. Sin embargo, las empresas más exitosas siguen sin enterarse. Prohíben los sindicatos obreros y miden las jornadas de trabajo con aquellos relojes derretidos de Salvador Dalí.

Una enfermedad llamada "trabajo"

En 1714 murió Bernardino Ramazzini. Él era un médico raro, un médico rarísimo, que empezaba preguntando: “¿En qué trabaja usted?”. A nadie se le había ocurrido que eso podía tener alguna importancia. Su experiencia le permitió escribir el primerTratado de Medicina del Trabajo, donde describió – una por una – las enfermedades frecuentes en más de cincuenta oficios. Y comprobó que había pocas esperanzas de curación para los obreros que comían hambre, sin sol y sin descanso, en talleres cerrados, irrespirables y mugrientos. Mientras Ramazzini moría en Padua, en Londres nacía Percivall Pott. Siguiendo las huellas del maestro italiano, este médico inglés investigó la vida y la muerte de los obreros pobres. Y entre otros hallazgos, Pott descubrió por qué era tan breve la vida de los niños deshollinadores. Los niños se deslizaban desnudos por las chimeneas, de casa en casa, y en su difícil tarea de limpieza respiraban mucho hollín.

El hollín era su verdugo.

Desechables

Más de 90 millones de clientes acuden, cada semana, a las tiendas Walmart. Sus más de 900 mil empleados tienen prohibida la afiliación a cualquier sindicato. Cuando a alguno se le ocurre la idea, pasa a ser un desempleado más. La exitosa empresa niega sin disimulo uno de los derechos humanos proclamados por las Naciones Unidas: la libertad de asociación. Y más, el fundador de Walmart, Sam Walton, recibió en 1992 la Medalla de la Libertad, una de las más altas condecoraciones de los Estados Unidos.

Uno de cada cuatro adultos norteamericanos y nueve de cada diez niños engullen en McDonald’s la comida plástica que los engorda. Los trabajadores de McDonald’s son tan desechables como la comida que sirven. Los pica la misma máquina. Tampoco ellos tienen el derecho de sindicalizarse.

En Malasia, donde los sindicatos obreros todavía existen y actúan, las empresas Intel, Motorola, Texas Instruments y Hewlett-Packard lograron evitar esa molestia. El gobierno de Malasia declaró union free (libre de sindicatos) el sector electrónico. Tampoco tenían ninguna posibilidad de agremiarse las 190 obreras que murieron quemadas vivas en Tailandia en 1993, en el galpón trancado por fuera donde fabricaban los muñecos de Sesame Street, Bart Simpson, la familia Simpson y los Muppets.

En sus campañas electorales del año 2000, los candidatos Bush y Gore coincidieron en la necesidad de seguir imponiendo en el mundo el modelo norteamericano de relaciones laborales. “Nuestro estilo de trabajo” – como ambos lo llamaron – es el que está marcando el paso de la globalización que avanza con botas de siete leguas y entra hasta en los más remotos rincones del planeta.

La tecnología, que ha abolido las distancias, permite ahora que un obrero de Nike en Indonesia tenga que trabajar 100 mil años para ganar lo que gana en un año – 100 mil años para ganar lo que gana en un año – un trabajador de su empresa en los Estados Unidos. Es la continuación de la época colonial, en una escala jamás conocida. Los pobres del mundo siguen cumpliendo su función tradicional: proporcionan brazos baratos y productos baratos, aunque ahora produzcan muñecos, zapatos deportivos, computadoras o instrumentos de alta tecnología, además de producir como antes caucho, arroz, café, azúcar y otras cosas malditas por el mercado mundial.

Desde 1919 se han firmado 183 convenios internacionales que regulan las relaciones de trabajo en el mundo. Según la Organización Internacional del Trabajo, de esos 183 acuerdos Francia ratificó 115, Noruega 106, Alemania 76 y los Estados Unidos… 14. El país que encabeza el proceso de globalización sólo obedece sus propias órdenes. Así garantiza suficiente impunidad a sus grandes corporaciones, lanzadas a la cacería de mano de obra barata y a la conquista de territorios que las industrias sucias pueden contaminar a su antojo. Paradójicamente, este país que no reconoce más ley que la ley del trabajo… no reconoce más ley que la ley del trabajo fuera de la ley, es el que dice que ahora no habrá más remedio que incluir cláusulas sociales y de protección ambiental en los Acuerdos de Libre Comercio. ¿Qué sería de la realidad, no? ¿Qué sería de ella sin la publicidad que la enmascara? Estas cláusulas son meros impuestos que el vicio paga a la virtud con cargo al rubro “relaciones públicas”, pero la sola mención de los derechos obreros pone los pelos de punta a los más fervorosos partidarios, abogados, del salario de hambre, el horario de goma y el despido libre.

Desde que Ernesto Zedillo dejó la Presidencia de México, pasó a integrar los directorios de la Union Pacific Corporation y del consorcio Procter & Gamble, que opera en 140 países, y además encabeza una comisión de las Naciones Unidas y difunde sus pensamientos en la revista Forbes. En idioma “tecnocratés”, se indigna contra lo que llama “la imposición de estándares homogéneos en los nuevos acuerdos comerciales”; traducido, eso significa “olvidemos de una buena vez toda la legislación internacional que todavía protege más o menos, menos que más, a los trabajadores”. El presidente jubilado cobra por predicar la esclavitud, pero el principal director ejecutivo de General Electric lo dice más claro: “Para competir hay que exprimir los limones”, y no es necesario aclarar que él no trabaja de limón en elreality show del mundo de nuestro tiempo. Ante las denuncias y las protestas, las empresas se lavan las manos y “yo no fui, yo no fui”.

En la industria posmoderna el trabajo ya no está concentrado, así es en todas partes, y no sólo en la actividad privada. Los contratistas fabrican las tres cuartas partes de los autos de Toyota; de cada cinco obreros de Volkswagen en Brasil, sólo uno es empleado de la empresa; de los 81 obreros de Petrobras muertos en accidentes de trabajo a fines del siglo XX, 66 estaban al servicio de contratistas que no cumplen las normas de seguridad.

A través de 300 empresas contratistas, China produce la mitad de todas las muñecas Barbie para las niñas del mundo. En China sí hay sindicatos, pero obedecen a un Estado que en nombre del socialismo se ocupa de la disciplina de la mano de obra. “Nosotros combatimos la agitación obrera y la inestabilidad social para asegurar un clima favorable a los inversores”, explicó Bo Xilai, alto dirigente del Partido Comunista Chino.

El poder económico está más monopolizado que nunca, pero los países y las personas compiten en lo que pueden, a ver quién ofrece más a cambio de menos, a ver quién trabaja el doble a cambio de la mitad. A la vera del camino están quedando los restos de las conquistas arrancadas por tantos años de dolor y de lucha.

Las plantas maquiladoras de México, Centroamérica y el Caribe, que por algo se llaman sweatshops (“talleres del sudor”), crecen a un ritmo mucho más acelerado que la industria en su conjunto. Ocho de cada diez nuevos empleos en la Argentina están en negro, sin ninguna protección legal; nueve de cada diez nuevos empleos en toda América Latina corresponden al llamado “sector informal”, un eufemismo para decir que los trabajadores están librados a la buena de Dios. ¿La estabilidad laboral y los demás derechos de los trabajadores serán de aquí a poco un tema para arqueólogos? ¿No más que recuerdos de una especie extinguida?

En el mundo del revés, la libertad oprime. La libertad del dinero exige trabajadores presos, presos de la cárcel del miedo, que es la más cárcel de todas las cárceles. El Dios del mercado amenaza y castiga, y bien lo sabe cualquier trabajador en cualquier lugar. El miedo al desempleo que sirve a los empleadores para reducir sus costos de mano de obra y multiplicar la productividad, eso hoy por hoy es la fuente de angustia más universal de todas las angustias.

¿Quién está a salvo del pánico, de ser arrojado a las largas colas de los que buscan trabajo? ¿Quién no teme convertirse en un obstáculo interno, para decirlo con las palabras del presidente de la Coca-Cola, que explicó el despido de miles de trabajadores diciendo que “hemos eliminado los obstáculos internos”? Y en tren de preguntas, la última: ante la globalización del dinero, que divide el mundo en domadores y domados, ¿se podrá internacionalizar la lucha por la dignidad del trabajo? Menudo desafío.

Un raro acto de cordura

En 1998, Francia dictó la ley que a 35 horas semanales el horario de trabajo. Trabajar menos, vivir más. Tomás Moro había soñado en su Utopía pero hubo que esperar cinco siglos para que por fin una nación se atreviera a cometer semejante acto de sentido común. Al fin y al cabo, ¿para qué sirven las máquinas si no es para reducir el tiempo de trabajo y ampliar nuestros espacios de libertad? ¿Por qué el progreso tecnológico tiene que regalarnos desempleo y angustia? Por una vez, al menos, hubo un país que se atrevió a desafiar tanta sinrazón. Pero, pero… poco duró la cordura. La ley de las 35 horas murió a los diez años.

Este inseguro mundo

Hoy, vale la pena advertir que no hay en el mundo nada más inseguro que el trabajo. Cada vez son más y más los trabajadores que despiertan cada día preguntando: “¿Cuántos sobraremos, quién me comprará?”. Muchos pierden el trabajo, y muchos pierden, trabajando, también la vida. Cada 15 segundos muere un obrero asesinado por eso que llaman “accidentes de trabajo”. La inseguridad pública es el tema preferido de los políticos, que desatan la histeria colectiva en cada elección. “¡Peligro, peligro – proclaman – en cada esquina acecha un ladrón, un violador, un asesino!”. Pero esos políticos jamás denuncian que trabajar es peligroso. Y es peligroso cruzar la calle, porque cada 25 segundos muere un peatón asesinado por eso que llaman “accidentes de tránsito”. Y es peligroso comer, porque quien está a salvo del hambre puede sucumbir envenenado por la comida química. Y es peligroso respirar, porque en las ciudades, en las grandes ciudades, el aire es… el aire puro es como el silencio: un artículo de lujo. Y también es peligroso nacer, porque cada 3 segundos muere un niño que no ha llegado vivo a los cinco años de edad. Una historia real para acabar (se me fue la mano con las teorías), un par de cosas que tengan más que ver con la realidad de carne y hueso, como la historia de Maruja. El 30 de marzo, Día del Servicio Doméstico, no viene mal contar la breve historia de una trabajadora de uno de los oficios más ninguneados del mundo. Maruja no tenía edad. De sus años de antes, nada decía; de sus años de después, nada esperaba. No era linda ni fea ni más o menos, caminaba arrastrando los pies, empuñando el plumero o la escoba o el cucharón. Despierta, hundía la cabeza entre los hombros. Dormida, hundía la cabeza entre las rodillas. Cuando le hablaban, miraba al suelo, como quien cuenta hormigas. Había trabajado en casas ajenas desde que tenía memoria. Nunca había salido de la ciudad de Lima, nunca. Mucho trajinó de casa en casa, y en ninguna se hallaba. Por fin, por fin, encontró un lugar donde fue tratada como si fuera persona. A los pocos días, se fue. Se estaba encariñando.

Desaparecidos

Agosto 30, Día de los Desaparecidos. Los muertos sin tumba, las tumbas sin nombre, las mujeres y los hombres que el terror tragó, los bebés que son o han sido botín de guerra, y también los bosques nativos, las estrellas en la noche de las ciudades, el aroma de las flores, el sabor de las frutas, las cartas escritas a mano, los viejos cafés donde había tiempo para perder el tiempo, el fútbol de la calle, el derecho a caminar, el derecho a respirar, los empleos seguros, las jubilaciones seguras, las casas sin rejas, las puertas sin cerradura, el sentido comunitario y el sentido común.

El origen del mundo

Hacía pocos años que había terminado la Guerra Española, y la cruz y la espada reinaban sobre las ruinas de la República. Uno de los vencidos, un obrero anarquista recién salido de la cárcel, buscaba trabajo. En vano revolvía cielo y tierra. No había trabajo para un rojo. Todos le ponían mala cara, se encogían de hombros, le daban la espalda, con nadie se entendía, nadie lo escuchaba. El vino era el único amigo que le quedaba.

Por las noches, ante los platos vacíos, soportaba sin decir nada los reproches de su esposa beata, mujer de misa diaria, mientras el hijo, un niño pequeño, le recitaba el catecismo. Mucho tiempo después, Josep Verdura, el hijo de aquel obrero maldito, me lo contó. Me contó esta historia. Me lo contó en Barcelona, cuando yo llegué al exilio, me lo contó: él era un niño desesperado que quería salvar a su padre de la condenación eterna, pero el muy ateo, el muy tozudo, no entendía razones. “Pero, papá – le preguntó Josep, llorando –, pero, papá… si Dios no existe, ¿quién hizo el mundo?”. Y el obrero, cabizbajo, casi en secreto, dijo: “¡Tonto, tonto! ¡Al mundo lo hicimos nosotros, los albañiles!”.

Ciudad de México, viernes 9 de noviembre de 2012

CONFERENCIA LATINOAMERICANA Y CARIBEÑA DE CIENCIAS SOCIALES CLACSO/PROGRAMA MOST DE LA UNESCO - 6 al 9 de noviembre de 2012 - México, Distrito Federal.


Viernes 9 de noviembre de 2012 Conferencia Magistral de clausura

El texto ha sido robado de aquí: http://blogs.elpais.com/contrapunto…

sábado, 11 de abril de 2015

EMILIANO ZAPATA, LÍDER REVOLUCIONARIO               

A 96 años de su muerte



Es el mayor ícono de la Revolución Mexicana y la inspiración para las luchas sociales que se emprenden en todo el mundo. "La tierra es de quien la trabaja" se convirtió en el lema de los campesinos e indígenas que reclamablan su derecho ancestral a la tierra y el agua.

 story by:
TELESUR

MILIANO ZAPATA Y SU LUCHA REVOLUCIONARIA

Emiliano Zapata nació el 8 de agosto de 1879 en Anenecuilco, estado Morelos (centro de México), donde se dedicó a trabajar sus tierras tras la muerte de sus padres cuando tenía 16 años. 
Su inicio como defensor de los derechos de los más humildes se dio en septiembre de 1909 cuando fue elegido como presidente de la junta de defensa de las tierras de Anenecuilco. 
El propósito de esto era hacer frente a la política agraria desarrollada por el dictador Pofirio Díaz que arrebataba las tierras a los campesinos para entregárselas a los terratenientes y grandes compañías.

El pasado 8 de agosto se cumplieron 135 años de su natalicio

Para 1910, cuando estalló la Revolución Mexicana, se estima que más del noventa por ciento de los campesinos carecían de tierras.  
Ese mismo año, se une a la causa de Francisco Madero, que quería acabar con la dictadura de Porfirio Díaz. Para lograrlo, Zapata lideró el Ejército Libertador del Sur, formado en su mayoría por indígenas de Morelos, con el que tomó Jojutla, Chinameca, Cuautla y Cuernavaca. Esto selló el triunfo de los revolucionarios sobre el régimen dictatorial. 
Sin embargo, cuando Madero llegó al poder en 1911, Zapata le retiró su apoyo debido a que no llevó a cabo la devolución inmediata de las tierras a los campesinos, sino que exigía el desarme del ejército zapatista. 
Zapata brindó su apoyo a Pascual Orozco, quien fue elegido como nuevo líder de la Revolución.



PLAN DE AYALA

Al separarse de Francisco Madero, Zapata formula su propio programa deReforma Agraria para redistribuir la tierra entre los campesinos. Este plan fue apoyado por Francisco Villa, su gran aliado en las luchas que emprendió por todo México. 
En el Plan de Ayala se declaraba a Madero incapaz de cumplir la reforma agraria y los demás objetivos de la Revolución. Asimismo, anunciaba la expropiación de un tercio de las tierras de los terratenientes a cambio de una compensación o esto se realizaría por la fuerza si no se aceptaba. 
La reforma agraria de Zapata fue enarbolada como prioridad en la lucha de los campesinos, por lo que exigieron la pronta renuncia de Madero.



 En 1914, Zapata creó las primeras Comisiones Agrarias, estableció elCrédito Agrícola e inauguró la Caja Rural de Prestamos en Morelos. La reforma agraria de Zapata fue enarbolada como prioridad para los campesinos. 

Sus ideas revolucionarias sobre igualdad y justicia social lo convirtieron en una figura conocida en el país, al punto de ser llamado El Caudillo del Sur, y en el mundo entero es recordado como el defensor de los más humildes.


DATOS CURIOSOS DE SU VIDA

1. A los 17 años, Zapata tuvo su primer enfrentamiento con las autoridades, por lo que tuvo que dejar su estado natal de Morelos y vivió algunos meses en el rancho de unos amigos de su familia. 
2. Su gran pasión eran los caballos, por lo que se dedicaba al comercio de estos animales en las épocas en que el trabajo en el campo disminuía. A los 30 años era el mejor domador de caballos de la comarca y muchas haciendas se lo disputaban. 
3. Según los habitantes de Cuautla, a Zapata le faltaba el dedo meñique de la mano derecha suspuestamente porque lo perdió en una corrida de toros. 
4. La silla donde fueron retratados Emiliano Zapata y Francisco Villa, no era la silla presidencial sino un sillón del viejo régimen dictatorial de México.
5. Se cree que utilizaba un doble para algunos eventos públicos debido al constante asedio del Gobierno. Sin embargo, las personas lo reconocían porque era más alto que su doble. 
6. Siempre andaba de traje charro, armado y acompañado de su caballo. 
7. Antes del estallido de la Revolución en 1910, trabajó en una de las haciendas de Ignacio de la Torre, el yerno del dictador Porfirio Díaz. 
8. Tras ser asesinado, la gente buscaba el lunar que tenía en la parte superior de su ojo para comprobar que realmente era su cadáver.


¿CÓMO MURIÓ?

Venustiano Carranza, quien gobernó desde 1914 a 1920, encargó al general Pablo González y a Luis Patiño a fraguar un plan para hacer creer a Zapata que el coronel Jesús Guajardo no reconocía su gobierno. 
Tras ganarse su confianza, el 10 de abril de 1919, el coronel Guajardo lo asesinó en la hacienda de Chinameca, en Morelos
El 16 de julio de 1920, Guajardo fue capturado en Monterrey y fusilado al día siguiente. Sin embargo, esto se debió a que días antes se había revelado en contra del presidente provisional Adolfo de la Huerta y no por el asesinato de Zapata.

domingo, 22 de marzo de 2015

LA COMUNA DE PARÍS: PRIMERA DICTADURA PROLETARIA



El 18 de Marzo se conmemora el aniversario de la Comuna de París. Ese día en 1871, los obreros de París “tomaron el cielo por asalto”, tal y como lo describió Marx, alzándose en rebelión armada y manteniendo la ciudad durante 72 días hasta que los gobernantes de Francia finalmente fueron capaces de desatar su sangrienta venganza sobre los esclavos que se atrevieron a alzar la bandera de la revolución. Ciertamente no fue la primera rebelión de los oprimidos, ni siquiera la primera rebelión de la joven clase obrera. Pero fue la primera vez que la clase obrera tomó el poder, y las lecciones aprendidas en esa primera exitosa (pese a su corta vida) revolución han establecido los principios básicos para la revolución de la clase obrera desde entonces.
Los obreros de París, que se habían rebelado dos veces y dos veces fracasado en los pocos años anteriores a 1871, se habían armado para la defensa de su ciudad en el transcurso de una guerra que la burguesía francesa había lanzado contra Prusia. Los obreros estaban tanto física como políticamente aislados del resto del país y superados ampliamente por las fuerzas armadas de las clases dominantes francesa y prusiana. Pero la burguesía francesa se rindió ante Prusia y trató de entregar París al ejército prusiano con el fin de acabar con la lucha de los obreros allí. Unidades del ejército francés marcharon hacia París para desarmar a los obreros que se habían organizado en la Guardia Nacional. Los obreros tenían poca elección. Decidieron utilizar sus armas –arriesgándose a todo tratando de liberarse de una vez y para siempre en lugar de marchar mansamente al matadero.



Alborada de una Gran Revolución Social
Aunque Marx, que seguía los acontecimientos de Francia en aquellos momentos desde Inglaterra donde estaba exiliado, pensó que el momento no estaba maduro para que los obreros parisinos se alzaran y vencieran, rápidamente hizo un balance de la naturaleza histórica de los acontecimientos, declarando el 18 de marzo de 1871 “la alborada de la gran revolución social que liberará a la humanidad para siempre del régimen de clases”, y apoyó a la Comuna.
Ese día, el Comité Central de la Guardia Nacional de los obreros proclamó que: “Los obreros de París, en medio de fracasos y traiciones de las clases dominantes, han comprendido que ha sonado para ellos la hora de salvar la situación asumiendo en sus manos la dirección de los asuntos públicos”. Las tropas del Gobierno enviadas para desarmar a los obreros fueron golpeadas. En pocos días, los ricos ociosos, los capitalistas, los cortesanos y los delincuentes comunes huyeron de París a Versalles, donde la clase dominante francesa declaró la guerra contra París.
La propia Comuna –el Gobierno formado por los obreros- se compuso de representantes de diversos barrios de París, elegidos por los ciudadanos y revocables de su puesto en cualquier momento. La mayoría de sus miembros eran obreros o representantes reconocidos de la clase obrera. Más que una entidad parlamentaria (como el Congreso en los EE.UU.), la Comuna tomó decisiones y las llevó a cabo. Y desde lo más alto hasta la base todos sus miembros y todos cuantos trabajaron bajo su dirección recibieron los mismos salarios que un obrero corriente.
El ejército y la policía fueron abolidos. Todos los ciudadanos capaces de llevar armas fueron enrolados en la Guardia Nacional, la única fuerza armada. “Los curas fueron enviados de vuelta a los recesos de la vida privada, para alimentarse allí entre las almas de los fieles a imitación de sus predecesores, los Apóstoles”. (Marx, La Guerra Civil en Francia).
Las escuelas quedaron abiertas para todos, a todos los niveles. Los alquileres de las casas quedaron cancelados y todas las casas de empeño clausuradas. Se prohibieron los turnos de noche. Las fábricas de los capitalistas que habían huido fueron incautadas, para ser dirigidas por los propios obreros. La Columna de la Victoria, un monumento a las guerras de agresión chovinistas de Francia, fue derribada. “La bandera de la Comuna”, declararon los obreros”, es la bandera de la República Mundial”.
A la burguesía le gusta pintar el marxismo como tan sólo una idea, un sueño imposible o una pesadilla estremecedora. El marxismo es la síntesis científica de toda la historia de las luchas de los oprimidos, y de todo el conocimiento conquistado a través de las luchas de la humanidad. Surgió con el desarrollo y el crecimiento de las luchas de la clase obrera, cuya posición y punto de vista se expresan en el marxismo. Tal y como Lenin escribió en El Estado y la Revolución, “No existe traza alguna de utopismo en Marx, en el sentido que fraguó o inventó una “nueva” sociedad. No, él estudió el nacimiento de la nueva sociedad a partir de la vieja, y las formas de transición de la última a la primera, como un proceso histórico-natural. Él examinó la experiencia misma de un movimiento proletario de masas, y trató de extraer lecciones prácticas de este. Él “aprendió” de la Comuna, al igual que todos los grandes pensadores revolucionarios aprendieron sin vacilar de la experiencia de los grandes movimientos de las clases oprimidas…”.
La más importante lección de la Comuna de París, lo que los obreros de París enseñaron en primer lugar con sus fusiles y luego con su heroico sacrificio, es la cuestión central del marxismo: la dictadura del proletariado.
“Se dice y escribe frecuentemente,” explica Lenin en El Estado y la Revolución, “que la cuestión principal en la teoría de Marx es la lucha de clases. Pero esto es erróneo. Y esta noción errónea resulta muy frecuentemente en una distorsión oportunista del marxismo y su falsificación en un espíritu aceptable para la burguesía… Aquellos que sólo reconocen la lucha de clases no son aún marxistas; se les puede encontrar estando aún dentro de los límites del pensamiento burgués y la política burguesa… Sólo es marxista aquel que extiende el reconocimiento de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado.” Tal y como lo señaló Marx en su Carta a Weydemeyer, escrita en 1852, “no se me debe ningún mérito por descubrir la existencia de las clases en la sociedad moderna, ni la lucha entre ellas. Mucho antes de mí los historiadores burgueses habían descrito el desarrollo histórico de esta lucha de clases y los economistas burgueses la anatomía económica de las clases. Lo que yo hice nuevo fue demostrar: 1) que la existencia de las clases está únicamente vinculada con fases particulares e históricas en el desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce necesariamente a la dictadura del proletariado: 3) que la dictadura misma sólo constituye la transición hacia la abolición de todas las clases y a una sociedad sin clases”.
En otras palabras, la lucha de clases conduciría inevitablemente a la clase obrera a establecer el dominio de la mayoría trabajadora sobre la minoría explotadora, por vez primera en la historia, y éste sería el primer paso hacia la eliminación de todas las clases y el dominio de clases. Esto es lo que representó la Comuna de París. Los obreros y obreras de París establecieron la primera dictadura del proletariado del mundo. A través de la experiencia de esta lucha, dieron vida y forma a lo que Marx y los obreros con conciencia de clase en general habían sólo concebido de una manera general.
(…) Como señaló Marx, los obreros de París, rodeados por todas partes y enfrentados al hambre debido al bloqueo económico, no pudieron más que comenzar su trabajo durante los 72 días de la Comuna. Cometieron ciertos errores, como era inevitable en ésta la primera de todas las revoluciones proletarias. Marx y Engels concluyeron que la Comuna había fracasado en emprender la dictadura de los obreros sobre los explotadores de manera lo suficientemente implacable y rápida –los obreros dejaron sin tocar el Banco de Francia, el principal pilar financiero del país, y en lugar de eliminar a la burguesía capturada en París y marchar inmediatamente sobre Versalles mientras la burguesía francesa estaba aún debilitada por su derrota a manos de Prusia, los obreros de la Comuna les dejaron escapar y recuperar sus fuerzas. Entonces, la burguesía francesa con la ayuda de los gobernantes reaccionarios prusianos llevaron a cabo una “rebelión de los esclavistas” contra los esclavos victoriosos, convirtiendo París en un mar de sangre cuando los Comuneros a millares fueron asesinados casa por casa combatiendo o fusilados como prisioneros.
Pero como declaró Marx incluso mientras la batalla estaba aún arreciando en París: “Si la Comuna es destruida, la batalla sólo quedará pospuesta. Los principios de la Comuna son eternos e indestructibles; se presentarán una y otra vez hasta que la clase obrera sea liberada”. (Marx, Acta de un Discurso sobre la Comuna de París).
(…)
La Revolución Cultural
La Gran Revolución Cultural Proletaria, iniciada y dirigida personalmente por Mao, fue un gran ejemplo de la clase obrera defendiendo y desarrollando la dictadura del proletariado y ejerciendo “la dictadura omnímoda sobre la burguesía en la superestructura”. Este alzamiento de centenares de millones de obreros, campesinos y otras masas contra aquellos a los que Mao calificó como “las personas del partido en el poder tomando la vía capitalista” fue, tal y como se explicó en Cómo el Capitalismo Ha Sido Restaurado en la Unión Soviética y lo que Esto Significa para la Lucha Mundial, no “simplemente un movimiento para criticar la ideología burguesa y a los representantes burgueses en el terreno de la cultura, la educación, etc., sino una lucha revolucionaria dirigida para derrocar a personas en puestos altos en el Partido y el Estado que de hecho se habían atrincherado en el poder en muchas esferas de la sociedad –aunque no habían tomado aún el control de todo el aparato del Estado y habían comenzado realmente a restaurar el capitalismo”.
En su análisis de la Comuna de París, Marx señaló cómo la dictadura del proletariado representaba el inició de un proceso que gradualmente implicaría a la gran mayoría del pueblo (es decir, las antiguas masas explotadas, dirigidas por el proletariado) y eventualmente a todo el pueblo (tras la eliminación de las clases) en la administración de la sociedad. En la Comuna de París “obreros sencillos” (como Marx afirmó para hacer explotar el punto de vista de la burguesía) asumieron la administración de todo, de todas las funciones de gobierno (que los obreros simplificaron enormemente) y de todas las esferas de la sociedad, a través de o bien la participación directa o a través de “alquilar” expertos para trabajar para los obreros y bajo la guía y dirección de los obreros. En la Revolución Cultural, la sociedad socialista dio un salto cualitativo hacia la dirección de los ideales de la Comuna, avanzando mucho más que ninguna sociedad socialista anterior.
Bajo la dirección y guía de Mao, casi todos los cuadros (personas con posiciones de autoridad y responsabilidad) en el Partido quedaron bajo el intenso control y crítica de las masas. Cada aspecto de la sociedad fue criticado y combatido. (…) Los obreros y campesinos limpiaron las diversas instituciones de la forma que una buen escoba limpia la suciedad. La educación fue revolucionarizada, para que en lugar de educar a los hijos e hijas de los viejos explotadores y educar a las personas para convertirse en nuevos explotadores, las escuelas fueran dirigidas por los obreros y campesinos para las necesidades intereses de los obreros y campesinos en transformar la sociedad y la naturaleza para avanzar hacia el comunismo. La burguesía había controlado la posición dominante en la cultura (libros, películas, obras de teatro, arte, etc.). Fueron barridos y la imagen de los obreros y campesinos y el punto de vista de la clase obrera comenzó a dominar en estos campos. Estableciendo los comités revolucionarios (combinaciones de tres-en-uno de obreros de base, miembros del Partido y administradores y/o técnicos), las masas fueron capaces de tomar realmente de nuevo el poder en las fábricas, comunas, escuelas y demás, anteriormente dirigidas por los seguidores del camino capitalista.
Junto al Ejército de Liberación Popular bajo la dirección de la clase obrera a través de su Partido, las propias masas populares se organizaron en milicias en sus fábricas y lugares de trabajo bajo la dirección del Partido, haciendo así que el Estado descansase con mayor seguridad que nunca en el poder armado de la clase obrera y sus aliados. En enero de 1967, los revolucionarios en Shanghai construyeron una alianza de las organizaciones de masas revolucionarias, el Ejército de Liberación Popular y los cuadros revolucionarios del Partido, que tomaron el poder con éxito de la vieja administración seguidora del camino capitalista en Shanghai. Mao hizo balance y popularizó esta experiencia por toda China. La conciencia popular avanzó enormemente.
(…) La Revolución Cultural no condujo al final de la lucha de clases en China. Casi una década después que se iniciara la Revolución Cultural, Mao lo dejó claro con su importante instrucción: “¿Por qué habló Lenin de ejercer la dictadura sobre la burguesía? Esta cuestión debe ser comprendida a fondo. La falta de claridad sobre esta cuestión conducirá al revisionismo. Esto debe darse a conocer a toda la nación”.
No sólo a unas pocas personas, no sólo a los miembros del Partido, no sólo a unos pocos millones, ¡sino a toda la nación! Con esto Mao declaraba explícitamente que para combatir a los revisionistas y prevenir el derrocamiento de la dictadura del proletariado, un número más extenso de la clase obrera y de las masas necesitaban profundizar considerablemente en la comprensión del marxismo y las tareas de la dictadura del proletariado.
Centrándose en el “por qué”, Mao se centró en el hecho de que pese a todos los avances, la cuestión de la dictadura del proletariado es todavía la cuestión de la transición del capitalismo al comunismo. Aunque los escritos de Marx claramente señalan esta cuestión, fue solo la experiencia adicional de la lucha de clases bajo la dictadura del proletariado en la URSS y China que hizo posible hacer un balance de forma tan explícita como lo hizo Mao de la larga, aguda y compleja naturaleza de la lucha contra las fuerzas de la restauración capitalista.
(…) Esta comprensión de la dictadura del proletariado desde el punto de vista del objetivo del comunismo, y no como un fin en sí mismo, es esencial a la teoría de Mao sobre la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado. Como todos los procesos, no existe una inmovilidad en el camino socialista -sólo existen avances o retrocesos. Cualquier medio camino, indecisión o vacilación en el camino socialista conduce definitivamente al derrocamiento del proletariado y la restauración del capitalismo.
Además, tal y como han mostrado las experiencias en la URSS y China, los avances de la revolución fuerzan a la burguesía a saltar para oponerse a ella, y de este modo el proletariado se ve forzado a combatir para acabar con la “rebelión de los esclavistas”, de igual modo que la clase obrera fue forzada a combatir para defender la Comuna de París, el primer Estado obrero, “quiera” sí o no la clase obrera una batalla particular.

Los principios de la Comuna son Eternos
Al parecer Mao Tsetung señaló que: “Marx al principio se opuso a la Comuna de París… Cuando la Comuna de París se levantó, Marx la apoyó, aunque suponía que iba a fracasar. Cuando se dio cuenta que era la primera dictadura proletaria, pensó que sería una buena cosa incluso aunque durara tres meses. Si lo valoramos desde un punto de vista económico, no valía la pena”. (“Discurso en la Conferencia de Lushan”, Mao Tsé-tung Espontáneo. Pláticas y cartas: 1956-1971, Ediciones Renacimiento, A.C., Universidad Autónoma de Sinaloa, México 1981, pág. 124).
Por supuesto ni Marx ni Mao contemplaron la Comuna de París desde “un punto de vista económico” –desde la postura de los estrechos resultados inmediatos. Incluso aunque la Comuna fracasó, estableció los principios básicos para todas las revoluciones proletarias que vendrían. El heroico ejemplo de los Comuneros y el balance científico de sus heroicos esfuerzos proporcionaron la base para un dominio teórico superior de las tareas y de la dirección de la revolución proletaria, que, a su vez, hizo posible el éxito de futuros esfuerzos. Sabiendo que esto sería así, Marx escribió: “Los obreros de París, con su Comuna, serán celebrados como los gloriosos precursores de una nueva sociedad. Sus mártires han quedado consagrados en el gran corazón de la clase obrera”.
Al igual que algunos autodenominados marxistas rehusaron reconocer las lecciones abonadas con sangre de la Comuna de París, también, cuando el revisionismo triunfó en la Unión Soviética y se restauró el capitalismo, algunas personas rehusaron reconocer este hecho. Algunas personas que habían sido revolucionarias pensaron que si la URSS se había perdido para la clase obrera, entonces todo por lo que habían luchado fue para nada, y enterraron sus cabezas en la arena, se colocaron a la cola de los nuevos revisionistas soviéticos y se dejaron arrastrar, y, después de todo, todo lo que habían hecho realmente fue para nada. Esto causó un gran daño a la causa revolucionaria.
En su época, la Comuna de París mostró que la revolución proletaria no sólo era necesaria sino posible. Su derrota sólo mostró que la transición del capitalismo al comunismo será un largo proceso, con muchas vueltas y revueltas en su desarrollo, desde luego con contratiempos, pero con un desarrollo en espiral por el que cada avance de la clase obrera se coloca sobre los hombros de los que han combatido y muerto anteriormente por la causa del proletariado. Esto es algo natural, dado que el desarrollo del capitalismo al comunismo requiere una ruptura completa –una “ruptura radical”, como Marx la llamó, con todas las formas anteriores de la sociedad y todas las ideas tradicionales y los grandes cambios que el mundo ha conocido nunca.

En nuestra época, la Revolución Cultural muestra que la restauración del capitalismo no es inevitable, que la clase obrera y las masas pueden desarrollar formas –formas completamente nuevas de hacer cosas en la historia de la sociedad- para defender sus conquistas y hacer retroceder los incesantes ataques del enemigo. Al igual que la Comuna de París proporcionó las bases para el desarrollo del marxismo cuando el marxismo estaba empezando a surgir hace más de cien años, hoy también a través de la Revolución Cultural, el marxismo se ha desarrollado y avanzado y la clase obrera del mundo entero se alza con mayor superioridad en su lucha por derrocar a los reaccionarios de todos los países uno por uno y traer la victoria del comunismo al mundo entero.


San Quintín, el Valle que no durmió



San Quintín, el Valle que no durmió
POR LORENA LAMAS
Ensenada,18 de marzo.- Las fumarolas podían verse a lo lejos. La más grande movilización de trabajadores agrícolas del valle de San Quintín de que se tenga memoria en los últimos años se mantiene en vigía a lo largo de 90 kilómetros de carretera. Algunas estimaciones hablan de que son 30 mil los jornaleros movilizados. El humo de las llantas quemadas invade el ambiente, pero ya no se respira la zozobra de las últimas horas.

Esta mañana la carretera Transpeninsular amanece abierta según policías federales que se encuentran resguardando San Quintín.

Las demandas de mejores condiciones laborales para los poco más de 60 mil trabajadores de los campos agrícolas de la zona se mezclaron este martes con actos vandálicos y estallidos de furia que llevaron al saqueo de algunas tiendas y el enfrentamiento -con palos y piedras- con miembros de los cuerpos de seguridad. También se escucharon disparos, pero no hubo reporte de heridos de bala.

El incidente más violento se dio en el Centro de Gobierno de San Quintín, donde a las ocho de la noche policías estatales, federales y elementos del Ejército Mexicano, usaron armas de fuego, palos, piedras y gas lacrimógeno para dispersar a los manifestantes que tenían una barricada frente a las instalaciones.

El secretario general del Gobierno de Baja California, Francisco Rueda Gómez, reportó una situación de casi total anarquía y  confirmó al vocero del Ayuntamiento, Enrique Gómez Guzmán, el uso de balas de goma en la refriega nocturna en San Quintín, y que el diálogo con los jornaleros, objetivo prioritario de su gestión, estaba por completo roto.

Justificó que debido a la agresividad de la gente en ese poblado, el edificio de la delegación municipal fue atacado por 500 personas que portaban palos y piedras, lo cual originó el cierre del inmueble y sus equipos de oficina, cómputo y patrullaje se retiraron para evitar su total destrucción.

En Camalú también hubo disturbios. Un grupo de personas ajenas a los jornaleros saqueó el supermercado “El Reloj”, quebró ventanas y dañó un camión del mismo negocio. El propietario, quien presenció los destrozos, murió de un infarto momentos después. La Dirección de Seguridad Pública de Ensenada informó que la barricada de Camalú fue levantada por la noche, y que 30 personas fueron detenidas durante los saqueos. Pero en Colonet, Vicente Guerrero y San Quintín y otras delegaciones los bloqueos continúan.

Los establecimientos comerciales cerraron sus puertas a lo largo del bloqueo. Fue imposible conseguir gasolina y alimentos porque los mercados y tiendas de conveniencia también bajaron la cortina. Algunos de los participantes en los disturbios argumentaron que estaban molestos porque el gobernador del estado no se hizo presente en la zona.

Por la mañana Francisco Vega de Lamadrid sostuvo una reunión en la cabecera municipal de Ensenada con el primer círculo de su administración y los mandos de seguridad del estado. Cuando concluyó, un grupo de funcionarios encabezados por el secretario de Gobierno se trasladó a la zona de conflicto. Pero no pudieron hacer mucho.

Cuando se dio el desalojo, en el Centro de Gobierno de San Quintín se encontraba el secretario de Gobierno, Francisco Rueda Gómez; el subprocurador de Justicia Marco Chavarría López; el subsecretario de gobierno, Pablo Alejo López Núñez, quien previamente había salido del edificio para dialogar con los jornaleros, pero antes de los disturbios elementos del Ejército lo hicieron regresar a las oficinas.


Sobre la carretera, la Alianza de Organizaciones Nacionales, Estatales y Municipales por la Justicia, con 60 líderes distribuidos en los diferentes campos de trabajo, tuvo problemas para lograr consensos. El valle de San Quintín no durmió, y quienes lograron conciliar el sueño, lo hicieron arrullados por las voces de decenas de jornaleros y las fumarolas de la carretera.

Resabios del porfiriato

"Quisimos mostrarnos y mostrar nuestra fuerza"
  • Jornaleros del Valle de San Quintín negocian afiliación masiva al IMSS
  • Decenas de miles siguen en paro; unos 8 mil retornan a laborar en señal de buena voluntad




Olga Alicia Aragón
La Jornada Baja California
Periódico La Jornada
Sábado 21 de marzo de 2015, p. 2
San Quintín, BC.


Quisimos mostrarnos, que nos vieran y comprendieran que los jornaleros somos hombres y mujeres de carne y hueso, no sólo manos para trabajar el campo. Tenemos rostro, nombre y familia; somos decenas de miles, porque junto a nosotros están nuestros hijos también jornaleros, como lo han sido nuestros padres, dijo Fidel Sánchez Gabriel, uno de los líderes del movimiento más grande de trabajadores agrícolas que se haya registrado en el Valle de San Quintín, en el municipio de Ensenada, Baja California.

Contundente, agregó: Quisimos mostrarnos y mostrar nuestra fuerza.

El dirigente de la Alianza de Organizaciones Nacional, Estatal y Municipal por la Justicia Social, explicó así la estratégica acción de bloquear durante más de 26 horas 120 kilómetros de la carretera Transpeninsular y declarar el paro general de labores, que aún continúa en los ranchos agrícolas de la región desde la madrugada del pasado martes.

–¿Tienen la fuerza para alcanzar el triunfo de sus demandas?

–Es nuestra esperanza: hacerles comprender que somos 80 mil trabajadores agrícolas, quienes con nuestro trabajo generamos una gran riqueza en todo el valle (de San Quintín). De uno en uno nos ven débiles, pero ahora saben que somos muy fuertes, porque somos muchos y estamos unidos.

Ya lograron algo inédito: que autoridades de los tres niveles de gobierno escuchen sus demandas en una mesa de diálogo donde construyen acuerdos.

Pudieron liberar a casi todos los jornaleros acusados por la PGR de ataque a las vías de comunicación (la mayoría de un total de 170, restan 25); se respetará su derecho a construir un sindicato independiente y obtendrán la afiliación masiva al Seguro Social. Las negociaciones continúan.

Nos sentíamos burlados porque desde el año pasado el gobernador Francisco Vega de Lamadrid nos hizo creer que tendríamos diálogo, sin que tuviese intención de cumplir su palabra, comentó. Desde enero pasado ni siquiera respondía a la solicitud de audiencia.

Nada de esto habría ocurrido, si el gobierno nos hubiese atendido, enfatizó Fidel Sánchez en referencia al bloqueo carretero y las movilizaciones de los jornaleros, pero también a los actos vandálicos de gente que aprovechó la oportunidad para saquear comercios y –comentó Juan Malagamba Zentella, delegado de la Comisión Nacional para el Desarrollo de Pueblos Indígenas–, y de grupúsculos de vándalos ligados a corporaciones sindicalistas, como la CTM y la CROC.

De ahí que la noche del jueves, cuando finalmente el gobernador se presentó, en una visita de 30 minutos, a la mesa del diálogo en San Quintín, fuese recibido con frialdad y reclamos de los jornaleros.

La gente está encabronada, había dicho otro de los líderes del movimiento jornalero, en la multitudinaria asamblea que tuvieron en un paraje de San José Copala, 20 kilómetros al norte de San Quintín, para deslindarse de provocadores que seguían cometiendo desmanes, después de que el día anterior saquearon mercados y destruyeron negocios.

En esta lucha participan decenas de miles de jornaleros agrícolas de todas las edades, desde ancianos hasta adolescentes, así como muchas mujeres mestizas e indígenas de varias etnias, en su mayoría mixtecas y triquis, algunas visten sus largos vestidos rojos y cargan en brazos a sus hijos pequeños.

En español y en sus lenguas maternas, gritan las consignas que enarbola el movimiento y forman parte de un pliego petitorio que hace recordar el porfiriato: revocación del contrato colectivo de trabajo firmado por la CTM y la CROC con la asociación de agricultores, por las graves violaciones a nuestros derechos laborales y humanos; afiliación al IMSS; pago de prestaciones de ley; un día de descanso a la semana, jornada de ocho horas y pago de horas extras y días festivos conforme a la ley; aumento de salario; cese de la discriminación y maltratos; cese del acoso sexual a las mujeres por los capataces…

El tamaño de la sorpresa

El movimiento de jornaleros del sur de Ensenada, que se detonó a las tres de la madrugada del martes 17 de marzo, alcanzó magnitud histórica, que sorprendió al gobierno en sus tres niveles, a las fuerzas policiacas y militares, a los poderosos patrones de los ranchos agrícolas, a empresarios en general, a la población entera.

Durante dos días consecutivos controlaron toda la región del Valle de San Quintín, al sostener por más de 26 horas el bloqueo de la carretera Transpeninsular. Aún se aprecian en esos 120 kilómetros los manchones de las quemas de llantas y rastros de las barricadas de piedras en más de medio centenar de puntos de bloqueo en la carretera, desde la desviación al ejido Eréndira hasta la colonia Santa María, a la altura del Rancho Los Pinos, esto es, del kilómetro 80 al 210 de la ruta Ensenada-La Paz.

En ese tramo, la vista se perdía en un paisaje de extensos sembradíos de fresa, tomate y hortalizas, sin descubrir a un hombre o a una mujer trabajando en esos campos donde se ubican 20 de los más grandes ranchos productores de hortalizas y de 80 por ciento de tomate y fresa de que se cultiva en la región y se exporta a Estados Unidos.

Entre esos ranchos destacan Driscoll, trasnacional estadunidense; BerryMex, el mayor latifundio extranjero entre Eréndira y San Quintín; Los Pinos, del ex secretario de Fomento Agropecuario de Baja California y compadre del ex presidente Felipe Calderón; Rancho Agrícola Camalú, de la familia Silva; Rancho Valladolid, propiedad de Manuel Valladolid Salmeadura, actual secretario tatal de Fomento Agropecuario; Rancho de los Hermanos García, de Camalú, y el Rancho Castañeda, propiedad de la familia del actual delegado municipal de Camalú, Juan Manuel Castañeda Cisneros.

El paro laboral ocurre justo en la temporada de pizca de tomate y de fresa, dos de los cultivos de exportación más rentables, que generan, a la vez, decenas de miles de empleos con sueldos miserables y la gran acumulación de riqueza en unas cuantas manos.

La región produce, tan sólo de fresa, 85 mil toneladas al año, con un rendimiento de 46.7 toneladas por hectárea, el más alto del país, según información de Fomento Agropecuario del estado.

Este viernes algunos jornaleros fueron a la pizca. Dice Fidel Sánchez que 10 por ciento de los 80 mil que paralizaron labores regresaron a trabajar, como muestra de buena voluntad para que no se pudra la fresa, pero el paro general continúa hasta que se firmen los acuerdos de la mesa del diálogo.

Lentamente empiezan a normalizarse las actividades comerciales, productivas y de servicios en el sur del municipio de Ensenada, donde las manifestaciones de los jornaleros paralizaron la economía desde la madrugada del martes 17 al mediodía del jueves 19, tiempo en que permanecieron cerrados los establecimientos comerciales y restaurantes, casi la totalidad de las empresas, desde las instituciones bancarias hasta las tiendas de abarrotes en todos los poblados y ciudades del valle; las gasolineras no dieron servicio; cerraron las oficinas de gobierno y desaparecieron durante gran parte de ese tiempo las autoridades delegacionales y las policías municipales; cerraron las escuelas, desde jardines de niños hasta universidades.


Jamás había sucedido algo así. No hubo gobierno para nadie. Ni los militares atendieron mi llamado de auxilio, dijo Basilio Hernández, propietario del Mercado El Reloj, del poblado de Camalú, saqueado y destruido por los vándalos durante nueve horas sin que interviniera la autoridad.